Tomado de RH
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¿Quién no desea la felicidad en su vida?
Bajo esta premisa, el ser humano dedica gran parte de su tiempo a “intentar”
ser feliz, pero muy pocos lo logran. Quizás porque algunos lo son sin saberlo
bien y siguen buscando, y otros porque en el camino se despistaron por el
camino del consumo de bienes y posesiones como principal sustento de su
“aparente” felicidad. Pero ¿cómo definirla para comprenderla? Algunos de
nuestros principales sabios nos dicen que precisamente la mejor manera de
definirla es su no definición sino su sentimiento, quien está dentro sabe lo
que es. Pero ¿cómo encontrarla? ¿existe alguna clave? En este
sentido si recurrimos a D. José (Ortega y Gasset), mi personal guía en muchos
aspectos filosóficos, nos dice “el hombre es una entidad extrañísima que para
ser lo que es, necesita averiguarlo”, y distingue entre ocupaciones trabajosas
y felicitarias. Estas últimas que son las que nos interesan vienen guiadas por
una “vocación general y común a todos los hombres. Todo hombre, en efecto, se
siente llamado a ser feliz, pero en cada individuo esa difusa apelación se
concreta en un perfil mas o menos singular con que la felicidad se le
presenta”. Por ello acaba concluyendo que la felicidad es “la vida dedicada a ocupaciones
para las cuales cada hombre tiene singular vocación”.

